Antes de su fallecimiento en junio 2009 a causa de una intoxicación de propofol, el cantante Michael Jackson habría pagado millones de dólares a varios científicos europeos punteros en el campo de la investigación genética para que clonaran su ADN con el objetivo de crear réplicas suyas posteriormente.
Con tan controvertida medida, el rey del pop esperaba que su legado pudiese continuar adelante incluso después de su muerte, por lo que habría realizado diversos “depósitos seguros” en diferentes bancos de esperma a lo largo y ancho del globo para que fuesen utilizados en el caso de que falleciera, según confesó el difunto diseñador Andre Van Pier -creador de varios de los trajes más icónicos de Michael y de su hermana La Toya Jackson- a Michael C. Luckman, director del Centro de Nueva York para la Búsqueda de Vida Extraterrestre.