Si existe una forma de medir el desamparo histórico en que se sienten los usuarios en República Dominicana del servicio público de electricidad, esta debe ser la cantidad de inversores en los hogares, como antes eran las de ruidosas plantas eléctricas o el todavía uso de velas incendiarias en los hogares más pobres. Un estudio del Banco Mundial denomina como “conducta adaptativa” a la compulsión social en República Dominicana de depender de los generadores domésticos de electricidad. Y esta se extiende a “los pozos cavados para conseguir agua corriente en el hogar” y “al uso de empresas privadas para informar sobre accidentes de tránsitos, en lugar de hacerlo en la comisaría de policía”, entre otras acciones producto de la desesperación. En el país, 1,423,391 hogares tiene un inversor eléctrico como respaldo para enfrentar los apagones, según las encuestas Nacional de Fuerza de Trabajo, del Banco Central correspondiente al 2014.
El 44.9% de hogares de clase media y el 10.3% de pobres tienen inversores
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