El martes pasado, Rubén Bichara reveló que para el 2016 el país necesitará tener en operación nuevas centrales eléctricas que aporten 1,451 megavatios (MW) “adicionales a los que tenemos hoy”, para poder cubrir una demanda estimada que cada año crece en 125 megavatios.
Al día de hoy, esa capacidad se debería estar construyendo, pero el Gobierno sólo trabaja directamente en las dos plantas a carbón de Punta Catalina, y que según el contrato adjudicado al consorcio Odebrecht-Tecnimont-Estrella, aportará en conjunto 674.7 MW, el 46.6% de la generación adicional que se necesita. Esto significa que la inversión en las dos plantas a carbón sólo viene a mantener, con un retraso de más de un año después de 2016, “el status quo” actual, que sólo cubre lo que se ha dado en estimar en 84% de una demanda que en términos reales, ni el Gobierno, ni las generadoras, ni las distribuidoras conocen, puesto que nunca ha sido cubierta a precios de un mercado abierto. Para el dominicano común, eso sólo significa que está lejos de alcanzarse aún el momento ansiado de que desaparezcan los apagones. La buena noticia sería que ese problema no empeoraría, que es lo que sucederá si esas obras no se construyen.