Además de recoger los cuerpos de las víctimas y atender traumatismos y lesiones inmediatas, existen muchas necesidades regulares relativas a la atención en salud con las que hay que cumplir. Se espera que este mes nazcan 12.000 bebés en las zonas afectadas, y las personas con enfermedades como diabetes y del corazón necesitarán tener acceso a su medicación. Esto representa todo un reto, pues las vías de transporte están destruidas.
Además, con decenas de miles de personas damnificadas, aumenta la preocupación asociada a situaciones de hacinamiento y agua contaminada: el brote de enfermedades infecciosas. La OMS está trabajando junto con otras organizaciones humanitarias para asegurar con urgencia acceso a pastillas purificadoras de agua. «La principal preocupación con el agua potable sucia es el alto riesgo de enfermedades diarreicas. Los niños son más vulnerables. Pueden perder líquido muy rápido, se deshidratan y mueren como resultado». Los cuerpos se descomponen en las calles y, en medio del caos sanitario, los sobrevivientes se las arreglan para buscar alimentos y agua. Se han reportado saqueos.