El panorama sanitario a raíz del tifón que azotó Filipinas es inmenso y sobrecogedor.

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Además de recoger los cuerpos de las víctimas y atender traumatismos y lesiones inmediatas, existen muchas necesidades regulares relativas a la atención en salud con las que hay que cumplir. Se espera que este mes nazcan 12.000 bebés en las zonas afectadas, y las personas con enfermedades como diabetes y del corazón necesitarán tener acceso a su medicación. Esto representa todo un reto, pues las vías de transporte están destruidas.

Además, con decenas de miles de personas damnificadas, aumenta la preocupación asociada a situaciones de hacinamiento y agua contaminada: el brote de enfermedades infecciosas. La OMS está trabajando junto con otras organizaciones humanitarias para asegurar con urgencia acceso a pastillas purificadoras de agua. Los niños son los más vulnerables a desarrollar enfermedades diarreicas. «La principal preocupación con el agua potable sucia es el alto riesgo de enfermedades diarreicas. Los niños son más vulnerables. Pueden perder líquido muy rápido, se deshidratan y mueren como resultado», 

 

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