Para enfrentar lo que ha llamado la “guerra económica” que le habría sido declarada por Estados Unidos y la “burguesía parasitaria”, el sucesor de Hugo Chávez ha decidido echar mano a una táctica mixta, entre atrabiliaria y guasona de, por un lado, intimidar a sus adversarios y, por la otra, adelantar el clima festivo de la Navidad: pidió a las Fuerzas Armadas ocupar todas las filiales de una importante cadena de tiendas de electrodomésticos, Daka, y confiscar y vender de manera compulsiva sus inventarios “a precios justos”: “¡Que no quede nada en los anaqueles!”, retumbó la orden presidencial.
Daka es una cadena al detalle fundada en 2004 por una familia de origen árabe a la que se le atribuyen conexiones con el chavismo. No había terminado la cadena de radio y TV del presidente cuando turbas ansiosas se agolparon en las adyacencias de sus cinco tiendas —dos de ellas, en Caracas—. La tentación de obtener equipos de líneas blanca o marrón con rebajas irrepetibles de un 60 a un 90% creó un clima de barata que se transformó en franco saqueo.