En condiciones de miseria y arrabalización viven cientos de familias que se han ido asentado a lo largo de décadas en la ribera este del río Salado, en La Romana, y que constituyen una comunidad pesquera del mismo nombre. Desde el puente Charles Bluhdorn en La Romana en la carretera Libertad, que une a esa provincia con La Altagracia, se puede ver el contraste entre embarcaciones lujosas en las que se realizan excursiones hacia las islas Saona y Catalina y las humildes viviendas que han sido levantadas a la orilla del río Salado en pleno casco urbano de La Romana. La vista incluye cientos de viviendas que lucen amontonadas dentro del escaso bosque que aún existe en la ribera, muchas de ellas de hojalatas, zinc y madera, algunas edificadas tan cerca del río que parecen estar dentro de las aguas. Según cuenta el regidor de la zona, Ramón Ramírez (El Pinto), el barrio se empezó a formar hace más de 40 años, cuando personas se fueron estableciendo allí para desarrollar actividades pesqueras, ya que cerca se encuentra la confluencia con el mar Caribe. En un recorrido por el lugar se puede ver de cerca el hacinamiento y las precarias condiciones en que conviven los que tienen como hogar en el empinado territorio que solo puede ser recorrido por estrechos callejones que se conectan unos a otros, hasta llegar a escalones por los que se asciende a la única calle que en todo el entorno y que se ubica fuera de la comunidad.
La caída en el precio del barril de petróleo representa una oportunidad para aliviar las facturas del país. Así lo consideró el economista Henri Hebrard, quien además manifestó que el precio de los combustibles, específicamente de la gasolina, debería bajar entre RD$10 y RD$15. “El precio actual del petróleo no es sostenible debido a las implicaciones que representa en términos de rentabilidad para esta industria”, destacó. Sostuvo que mientras dura este precio del petróleo se debe ver una baja en el precio de los combustibles.