Resulta paradójico y poco entendible que hayan sido grupos evangélicos quienes estén llamando a un “lunes negro” para expresar su desacuerdo por la designación del señor James «Wally» Brewster como embajador de Estados Unidos en la República Dominicana, con cuya orientación sexual no están de acuerdo.
Se trata de un asunto de derecho entre dos Estados suscritos a la Declaración de las Naciones Unidas sobre la eliminación de todas las formas de intolerancia y discriminación fundadas en la religión o convicciones, que los compromete a promover y estimular el respeto universal y efectivo de los derechos humanos y las libertades fundamentales de todos, sin distinción de raza, sexo, idioma ni religión.
No es discutible el derecho que tienen estas iglesias de expresar su pedimento, pero tampoco dudamos de que, en pleno derecho, también será rechazado. La tendencia a imponer prácticas desde la religión sobre el Estado, o de influir desde el Estado sobre la religión, solo ha dejado dolorosas experiencias.
Lo “paradójico y poco entendible” es que esta grotesca y desafortunada convocatoria a protestar con un “lunes negro”, teñido por la intolerancia y el rechazo, provenga de grupos que están llamados a proclamar la luz del evangelio en el marco del respeto y la coexistencia pacífica. A quienes andan buscando amor, a quienes andan buscando un punto de apoyo que le dé seguridad y paz para sus vidas, no podemos responderles con protestas fanatizadas y tenebrosas. Tenemos que presentarles la luz del Evangelio, que es la luz que tiene que resplandecer todos los días en la vida de los cristianos. ¡Qué pena que quienes proclaman la luz pinten de negro un lunes!