El éxito ininterrumpido del que ha disfrutado la vocalista británica en los dos últimos años no solo le ha valido el reconocimiento de la crítica y el público en forma de estatuillas, como el reciente premio Óscar que ganó el pasado domingo o los gramófonos dorados que acumula desde 2011, sino que ahora se materializa con un lugar destacado en el museo de cera Madame Tussauds de Londres.
La cantante podrá contemplar próximamente su propia escultura en un salón de la fama musical que ahora integran las figuras de otras divas como Beyoncé, Madonna o Amy Winehouse; y su ingreso en tan selecto club solo termina por consagrar a Adele como indiscutible ídolo de masas.